
Mi carácter impulsivo me hacía reventar en cólera a la menor provocación.
Y entonces me dijo: “Estrújalo.”

"Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.” 
"He aquí que Dios se sentía solo y decidió crear a los hombres, pero sabía que si encontraban la llave de la felicidad se fundirían con él y volvería a quedarse solo. Reflexionó largamente a propósito de dónde ocultar la llave de la felicidad. Primero pensó en esconderla en el fondo de los océanos, pero luego se dijo que allí no estaría segura, pues algún día terminaría el hombre por alcanzar esos abismos. Entonces pensó en colocarla en una gruta en los Himalayas, pero se percató de que llegaría el día en el que el hombre escalaría las montañas más altas del planeta. Pensó en ponerla en otra galaxia, pero sabía que algún día hallaría los agujeros negros y pasaría a otras galaxias. Siguió reflexionando y, al final, ¡eureka!, a Dios se le ocurrió el lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad. La cogió y la colocó dentro del hombre mismo".
El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca. Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer.
Ayer por la noche, antes de dormir, pensé en él, como de costumbre...
El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?.
Comienza el suave abrazo, la suave caricia de esta fina tela que roza mi piel, da color a mis mejillas y vida a mi sonrisa. Cae sobre mi rociándome con su inocencia y su vitalidad, rodeándome, abrazándome. Descubre ante mis ojos un mundo de belleza infinita, y de infinita comprensión. Unos dicen que es el cielo el que llora, sinceramente, ¿no se llora de alegría? ¿de placer? Su belleza y delicadeza es tan infinita y suprema, y aún así, baja hasta nosotros para deleitarnos con la vida, para continuar con nuestro ciclo vital. Se hunde en mis entrañas, alimentando mi alma con cada gota de su sabiduría, y mezclando en mi corazón las raices necesarias para crecer, para continuar una vez más con mis metas, con mi futuro. Es tan maravilloso y real su color, muestra el gris pálido de la melancolía, mientras se enconde entre los algodones que son su lecho, y deja fluir su vida para nosotros.Mi alma crece en pasión cuando se desgarra con sus gritos iluminando la noche, gritando al cielo y al viento el ansia de mis deseos, llorando a la soledad mis sueños más ocultos, sin ser realidad más que mis gritos, intensificados y aumentados por las negras sombras que hay sobre mi cabeza. Mis pulmones azotan los tejados, mi voz hace temblar las ventanas, mis palabras y mis frases suenan allá donde desee, constantemente marcadas por un tempo ágil y libre de cualquier ritmo, de cualquier atadura. Tan violenta es la reacción que creo nacer de entre las nubes y ser una con el agua que roza mi cuerpo atado en sus prisiones, en sus pensamientos.Dejo volar entonces la imaginación y mi mente es más veloz que el sonido y su sonrisa es la única melodía que me acompaña en mis ensoñaciones. Pero se vuelve a calmar nuestra ira, volvemos a rebosar tranquilidad y la pácifica inocencia vuelve a mi rostro y a su velo. Volvemos a acariciar el viento con nuestras húmedas manos y a abrazar cada elemento con nuestra frágil y diminuta existencia. Tan delicado su calor, tan extrañas sus palabras. El cuerpo se ve movido a bailar bajo su tela, a agarrar la nada, a sonreir al aire que te mira atónito sin apreciar la simple y llana marca que esta quedando en tu piel, perlada por la presencia de pequeñas gotas de libertad, que llegaron hasta ti surcando ese cielo donde vuelan tus delirios y sueños. El agua te mece en su seno llevandote a disfrutar de cada minuto a su lado como si una vida fuera marcada por tus sencillos pasos. Igual que da vida a plantas y manantiales, llega a alimentar tu ser con tal fuerza, que achacas tu felicidad a la insólita creencia de ser un todo con la naturaleza, de ser parte del ciclo que da vida a todo ser que te rodea, de ser uno contigo mismo, y abres tu alma, mostrando tu alivio y ahogando el olvido en el mismo agua que te proporciona la felicidad.Pero su roce termina, su suave fragancia te abandona para comprobar cómo tras ella se ve el cielo de la esperanza, marcado de un azul intenso, un azul que muestra el principio de tu alma libre y tranquila, pero entonces desconfías, y llega a ti la nostalgia de su abrazo y su libiana protección. Añoras entonces sus gritos y desgarros, sus pasiones allá en lo alto, su techo gris protector, su caricia de suave libertad, y la explosión de tus deseos y tu alma. Añoras ver su reflejo en sus huellas y notar sus fríos dedos sobre tus ojos, invitándote a cerrarlos y soñar más lejos de la propia imaginación. Tu alma se vuelve a cerrar y el momento de éxtasis acabó con su riego de vida.Sin embargo sabes que volverá, tu alma está convencida de que volverá a volar entre sus brazos y alcanzará de nuevo sus suaves gritos de luz, sabes con certeza que sus gotas surcarán de nuevo tu rostro, aunque forme surcos en tus arrugas, llenará de nuevo tu corazón de la más pura juventud, y volverás a volar, aunque sólo sea en sueños.-Autor desconocido-